Durante el reinado de Felipe IV se gestó una campaña orquestada hacia la consecución de dos propósitos fundamentales: el primero era dar popularidad al rey y a la corona, y el segundo sanear las maltrechas arcas reales. Tal era la necesidad de ambas que dicha «gira» hizo que el monarca visitase numerosas poblaciones del reino.

Una de ellas fue Málaga, y fue todo un acontecimiento para la población local. El séquito donde iba el rey Felipe IV estaba compuesto por un importante componente militar, numerosos cortesanos e incluso grandes y célebres personajes de la época, entre otros el Conde Duque de Olivares, el Comendador de Zurita, también Don Diego Hurtado de Mendoza o los dramaturgos Ramón Montero o Francisco de Quevedo. La comitiva entró en Málaga y atravesó las calles de Granada, Santa María y la del Císter, antes de llegar a las puertas de la Alcazaba.

Una vez en el interior de la misma, el monarca pasó aquella noche en la zona palaciega, donde se habilitó una de las habitaciones que daban al mar, que entonces casi bañaba con sus aguas sus murallas. Desde aquella noche, la Alcazaba de Málaga ostenta el título de Casa Real por haber alojado a un monarca entre sus muros.

Veinte mil ducados de la época le costó al heraldo malagueño que Felipe IV pasase una noche en ella. Ese fue el precio que nos costó tener una Casa Real en la ciudad y un lema en el escudo de armas.

Bibliografía: 
"El Sueño del Rey Badis: La Alcazaba de Málaga". Salvador Jiménez (Crazy Badger Media SL, 2012).
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