Hay fechas que quedan grabadas en la Historia por méritos propios. Una de ellas es sin duda la de aquel domingo 19 de agosto de 1487, donde una extensa y pródiga procesión partió desde lo que hoy es la Plaza de la Merced hacia la ya desaparecida Puerta de Granada, y cuya intención era no sólo recorrer los recovecos de la vieja medina, sino dejar patente a sus ciudadanos quienes eran los nuevos conquistadores y dueños de la ciudad.

Al frente de la misma iba el propio rey Fernando, armado hasta los dientes como responsable máximo de los ejércitos que habían asediado la ciudad y lujosamente ataviado con las mejores galas y ropajes. Acompañándolo en su recorrido iba también Isabel, que decidió entrar descalza para pisar el que ya era nuevo suelo cristiano. Los arropaban en el recorrido una extensa corte de pajes, damas, caballeros y comerciantes. Y por supuesto, todos escoltados por gran cantidad de guardias apostados para la inmediata defensa ante un sorpresivo ataque.

La comitiva llegó a la Mezquita Aljama (que sería la actual catedral), donde una vez dentro se consagró como iglesia y se dio, como venía siendo habitual en estas lides, una misa dando gracias a Dios por haber ayudado a conseguir la victoria. Terminado el acto continuaron a través de la actual calle del Císter hasta la Alcazaba, y una vez allí recibieron de manos del rico mercader Ali Dourdux (persona encargada de pactar la rendición de Málaga a las tropas cristianas) las llaves de la ciudad. Málaga estaba ya formalmente bajo el gobierno de los Reyes Católicos.

Bibliografía:
"El Ayuntamiento de Málaga". Salvador Jiménez (Crazy Badger Media SL, 2011).
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