Es habitual referirse a la prostitución como el oficio más antiguo del mundo, lo que lleva al hecho de que no solo se ha consentido de manera más o menos velada, sino que se ha regulado y tomado como uno más. Ha sido legal como lo ha sido la esclavitud u otras actividades humanas que en la actualidad vemos como inaceptables.

Reglamento de la seccion especial de vigilancia e higiene de la prostitucion. Diario Mercantil de Málaga. Archivo Fundación Unicaja, José Porrua y Moreno.

En Málaga, la familia Fajardo tenía concedida la explotación del negocio de la prostitución en las mancebías desde finales del siglo XV, lo que se realizaba con las correspondientes regulación y recaudación de impuestos. La regulación incluía hasta la alimentación de la profesional, las condiciones del espacio en el que ejercía y la cantidad a pagar por ella al titular del establecimiento, que lo era en régimen de monopolio no solo en la ciudad, sino en todo su ámbito administrativo. También hubo un médico designado por la ciudad para el control sanitario de las profesionales. Todo en orden.

Claro que también había prostitutas que no estaban bajo el control del padre de la mancebía (que en ocasiones no era padre, sino madre) por preferir el ejercicio libre de la profesión, pero eso no implicó que se vieran liberadas de pagar la correspondiente tasa municipal. Y no solo eso, sino que, como otros oficios y gremios, lo hacían en calles designadas para ello (posiblemente, en las cercanías del convento de San Julián, y, con más seguridad, en lo que hoy es la calle de los Esparteros) pero bajo el control del Ayuntamiento, quien entró por tanto en competencia desleal con el negocio de los Fajardo.

Estos recurrieron a la justicia, y al final se arregló como se arreglan muchas de estas cuitas: los Fajardo arrendaron el negocio municipal a cambio de una renta anual, de modo que recuperaron la exclusividad de la ramería en la ciudad en sus dos vertientes, la concedida formalmente y la controlada por la administración municipal. Aunque siempre hubo quienes, por evitar el coste del ejercicio profesional, trabajaron en negro en tabernas, ventas, etc. Y por mucho que las ordenanzas lo prohibieran, se escaparon del pago de impuestos. Nada nuevo bajo el sol.

Fuente: VILLENA JURADO, J. Málaga por el Rey don Felipe, nuestro señor, tercero de este nombre. Ediciones del Genal. 2020.

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