El 16 de diciembre de 1909 se inauguraba en Málaga uno de los elementos más conocidos de la ciudad y, por aquel entonces, sin duda uno de los más necesarios: el Puente de Santo Domingo, popularmente apodado como “puente de los alemanes”. Su construcción fue señal del reconocimiento y respeto con el que Alemania distinguió el valor de los malagueños ante el desastre de la fragata Gneisenau.

Dos años antes, en septiembre de 1907, y cuando aún el verano daba los últimos coletazos, el cielo se oscureció sobre la ciudad y descargó una ingente cantidad de lluvia no sólo sobre ésta, sino sobre los montes cercanos, que arrastraron junto al agua también barro, árboles y maleza. La fuerza del agua fue tal que el río Guadalmedina, al recibir el aporte de los sobrantes de esos montes cercanos, aumentó caudal y fuerza y arrastró numerosas infraestructuras cercanas a su cauce, entre ellas algunos puentes de débil estructura que comunicaban en varios puntos los dos lados de la ciudad.

Nadie podía imaginar que aquel desastre llegaría a oídos del mismísimo káiser Guillermo II, emperador de Alemania y rey de Prusia. Así, y por suscripción popular, en el país germano se promovió la necesidad de sufragar un puente que fuese lo suficientemente sólido como para sellar la amistad del pueblo alemán con los habitantes de Málaga, y que sirviese para aminorar el desastre que habían provocado aquellas inundaciones. Tal fue la determinación para llevar a buen fin la iniciativa que el mismísimo emperador participó en dicha suscripción popular, consiguiéndose finalmente la totalidad del presupuesto del proyecto.

En uno de los arcos una placa reza lo siguiente:

ALEMANIA DONÓ A MÁLAGA ESTE PUENTE AGRADECIDA AL HEROICO AUXILIO QUE LA CIUDAD PRESTÓ A LOS NÁUGRAFOS DE LA FRAGATA DE GUERRA GNEISENAU. 1900 – 1909”.

Bibliografía:
"El Puente de los Alemanes de Málaga cumple 100 años”. José Luis Picón (Diario Sur, 6/12/2009).
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